Entrevista Mikel Valverde

  • ¿Qué personaje de los que has creado te gusta más y por qué?

Zank & Zoe porque son los últimos y siempre me parece que los últimos son los que mejor creados están.

  • ¿Qué historia de las que has escrito te hubiera gustado protagonizar?

Alguna de Rita porque me encantaría que hubiera viajes y, a poder ser, desierto.

  • ¿Cuáles son los ilustradores que más te gustan?

Jean-Jacques Sempé no solo por cómo dibuja, sino también por lo que cuenta. Y Tony Ross, Georgien Overwater, Gusti, Emilio Uberuaga… ¡Hay muchos!

"Lo que siempre he querido ha sido contar historias"

Cuando me enteré de que Mikel Valverde iba a estar en Madrid presentando su último libro, ‘Las aventuras de Zank y Zoe: el monstruo de la montaña negra’, no me lo pensé: escribí a la editorial para ver si podíamos concertar una entrevista con uno de los ilustradores más elegantes que conozco.

No solo tuve la suerte de poder pasar cerca de una hora con él, sino que además conocí las instalaciones de HarperKids, en las que nada más entrar me topé con una selección de novedades infantiles adornando la pared. ¡Preciosas!

En una sala, al fondo del pasillo, me senté con él y, rodeada de galletas decoradas y altísimas estanterías llenas de libros, pude descubrir la esencia de un artista que ilustra, escribe y, sobre todo, sabe contar historias que conectan con el lector final. En ellas priman las aventuras y el humor. Son, según las propias palabras del autor, su sello de identidad.

Yo conocía la galardonada Paula en Nueva York, que recibió el Premio Internacional de Ilustración de la Fundación SM en 2005, sus colaboraciones con Bernardo Atxaga y, por supuesto, el elegante trazo que hace tan atractivas sus ilustraciones. Pero empecé la conversación, como siempre, por lo primordial: su infancia.

Las historias, el germen del ilustrador y escritor

Así me enteré de que Mikel, cuando era un niño (aunque yo sospecho que ahora también), vivía la vida con mucha intensidad y de que eso es, precisamente, lo que ha permitido que a día de hoy recuerde tantas cosas de aquellos años.

“Yo tuve una infancia muy buena. Vivía a las afueras de Vitoria, que te puede parecer una tontería, pero para mí es importantísimo, ya que vivir a las afueras significaba tener el campo lado. Las campas, que decimos por allí, y que son zonas con mucha hierba natural, bosque, que cuando llueve es increíble. Allí viví grandes aventuras”, recuerda.  

Además de perderse en la naturaleza siempre que tenía ocasión, a Mikel le gustaba escuchar las conversaciones de los adultos cuando estos bajaban la voz. “No por cotilla –se defiende– sino por las historias que se encerraban en cada conversación”.

Y es que a Mikel lo que verdaderamente le apasiona no es la literatura en sí, sino las historias. En la vertiente oral y también en la cinematográfica que reconoce que le ha marcado mucho como escritor e ilustrador. “Yo no iba al cine, pero accedí al cine a través de la televisión. En aquella época, en los años 70, se emitía muchísimo cine clásico de Estados Unidos. Recuerdo esas películas no con un cariño nostálgico, sino con la certeza de que eran historias muy bien esculpidas, muy bien narradas y que estoy convencido de que forman parte de mi influencia, sobre todo por los personajes y el humor”.

¿Y los libros?, le pregunté.  También, también. Le gustaban, sobre todo, los cómics de Astérix Legionario. “Mi familia era humilde, pero me regalaba un tebeo por mi cumpleaños y en Navidad. Lo mismo le pasaba a mi hermano, a mis primos y a mis vecinos… Así que nos los intercambiábamos. Lo conservábamos muy bien, por la cuenta que nos traía, y así descubríamos Pulgarcito, todo lo de Ibáñez…”, me cuenta. Álbumes ilustrados por aquella época había pocos, aunque para Mikel siempre ha sido muy importante ‘Miguel Strogoff’, de Julio Verne: “Me lo regaló mi padrino y me marcó”.

¿Trazos que mejoran con los años?

Seguimos avanzando por los vericuetos de su vida para saber cómo llegó a ser ilustrador primero y escritor de literatura infantil, después. “Desde pequeño me gustaba mucho dibujar, pero se me daba fatal”. Levanto la cabeza: ¿cómo dices, Mikel?

“Sí, no era el peor dibujante del mundo pero no era bueno, era malo. Lo que pasa es que picó la avispa del dibujo cuando estudiaba EGB. Había un chico en mi clase que lo hacía muy bien y yo le admiraba mucho, la verdad. Así que le pedía algunos de sus dibujos y los copiaba”, reconoce.

Después se encontró con otro amigo al que también le gustaba dibujar y empezó a hacerlo cada vez más. Al fin y al cabo, a él le gustaba el cine pero su familia no lo iba a poder pagar, ni tampoco había sitios donde estudiarlo. “Sin embargo, dibujar era muy accesible: solo necesitaba un folio y un lápiz. En vez de especular el camino me puse a andar”, explica. Y, rápidamente, le cogió el gusto: “lo hacía porque me divertía mucho y, de alguna manera, porque lo necesitaba. Se convirtió en una pasión”.

Ganó el tercer premio de un concurso de cómics en el instituto y, después, empezó a publicar en diversas Fanzines y revistas, hacer carteles, etc.

Mientras estudiaba Bellas Artes, conoció a los ilustradores franceses y, cuando terminó la carrera, viajó al Salón Internacional del Cómic de Angulema. “Allí vi que en Francia cuidaban mucho la literatura infantil y me di cuenta de que yo siempre tiraba para la sección infantil de las librerías porque había ilustraciones y eran libros bonitos”, recuerda.

Además, las historias para niños tenían humor y aventuras, lo que terminó de animarle a compaginar sus cómics con ilustraciones infantiles.

Por aquella época conoció, a través de unos amigos comunes, a Bernardo Atxaga y de alguna manera su vida cambió: “Primero surgió la amistad”, aclara. Pero, dos años después de conocerse, le pasó el texto de Shola y los leones para que lo ilustrara. “Lo hice con mucha ilusión, pero también con mucha inseguridad”, confiesa.

Ilustrar y narrar, el tándem perfecto

Poco a poco, fue ilustrando otros libros para el público infantil pero seguía creando sus propios cómics porque, igual que cuando era un niño, a Mikel le seguía fascinando poder contar historias.

Tanto que los textos de sus cómics ocupaban cada vez más y un amigo le dijo: Mikel, tienes que escribir. “Tenía muchas ganas de probar, la verdad, pero tenía la sensación de que tenía que leer más. Pero el gusanillo estaba por ahí y la intuición también”.

Por eso, buscó una excusa: una sobrina que se llamaba Paula y las bases de un concurso de álbum ilustrado de la Fundación SM. “Era un premio de ilustración, pero el libro quería escribirlo yo. Ese era mi reto”. Y no solo lo superó, sino que además ganó: “Fue importante sobre todo moral y anímicamente”.

A partir de ahí, Mikel Valverde siguió publicando álbumes ilustrados que escribía él. Hasta que sintió la necesidad de escribir relatos más largos y apareció Rita, la protagonista de la colección El mundo de Rita (MacMillan).

Mikel Valverde, autor de Zank & Zoe

Zank & Zoe: aventuras, deportes y naturaleza

Ahora vuelve a contar con una chica como protagonista: Zoe, que junto a su perro Zank y su abuelo montará un equipo ciclista para salvar un negocio local. “El ciclismo siempre me ha gustado y para mí siempre ha tenido un componente muy sugerente. Por un lado tiene mucha relación con las historias porque las crónicas ciclistas son, muchas veces, relatos en sí mismos. El lenguaje que se utiliza: emboscada, escapada… llama a la aventura. Y la naturaleza está muy presente”, cuenta.

Quizá por eso siempre tenía la idea latente de escribir una aventura con un ciclista como protagonista. Ha llegado el momento: Zoe es una realidad. De momento, podemos disfrutar de ella en ‘Las aventuras de Zank y Zoe: el monstruo de la montaña negra’, pero Mikel Valverde nos avanza que “por lo menos, habrá una segunda entrega”.

Ojalá sean muchas más porque Zoe & Zank nos han robado el corazón. Y saber que la historia tiene tanto de Mikel la hace todavía más especial.

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